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viernes, 28 de octubre de 2016

Los amores de mi vida | Parte 1

No creo que a alguien realmente le interese saber esto, pero la verdad tengo muchas ganas de escribir sobre ello.
A pesar de que mucha gente me dice que soy bonita (entre familiares y amigos) yo simplemente no me lo creo. Algunas veces me despierto, me miro al espejo y sí, me gusto a mi misma y exagero un poco al halagarme. En cambio otros días evito cualquier superficie reflectora, porque no quiero saber lo monstruosa que me veo. Y esto se los cuento porque el hecho de una ser linda no le garantiza que los hombres van a interesarse más por una. No poseo una belleza arrasadora, pero tampoco soy poco agraciada. Digamos que tengo lo mío, físicamente hablando. Mi personalidad tampoco es que me ayude mucho con el tema de los chicos, pero en fin. 

Creo que la primera vez que me llamó la atención un niño fue por ahí a los 5 años. Vamos a nombrar al niño "G". Era un niño precioso en verdad, de tez blanquísima y cabello negrísimo, recuerdo que también era muy tímido y a esa edad muy poco hablaba. Yo no era amiga suya, creo que nunca tuvimos una conversación, ni jugamos juntos demasiado. ¿Pero qué iba yo a saber del amor? 


Cuando entré a la primaria los niños además de llamarme "china" (por mis rasgos medio asiáticos que prefiero llamar indígenas) también me atosigaban diciendo que ellos eran mis novios, incluso se peleaban a puños por mí. Esta situación me hacía sentir terrible, yo no quería ser la causa de todos esos moretones, ninguno de ellos me agradaba pero no quería que se hicieran daño de esa manera tan estúpida. Fue cuando inicio el cuarto grado que realmente me di cuenta cómo se sentía que alguien te gustara.  Vamos a llamar a este niño "Fernando". Este niño nuevo claramente no era de la región costeña, era cachaquito (así le decimos a la gente del interior del país, cachacos). Blanquito, de pelo castaño y ojos café claro que a veces lucían verdes. El corazón me latía muy fuerte y me daba dolor de estómago cuando lo veía, pero no estaba en mi clase, yo estaba en el 401 y él en el 402. Y eso era una desgracia para mí, hasta recuerdo haberle pedido a la profesora que me pasara a ese salón. Obviamente no me hizo caso.
Así que mis momentos preferidos en el colegio eran las formaciones por la mañana, el recreo y la salida. Levantarse a las 5 de la mañana ya no era una tortura, me cepillaba los labios con el cepillo de dientes para que se me enrojecieran y parecer "más bonita". Una de esas mañanas cuando llegué al colegio lo vi sentado junto a otra niña, y alguien dijo muy cerca de mí "María y Fernando son novios", el corazón se me puso helado mientras veía la escena al pasar. Algo que me sorprende hoy en día es la manera en que afronté la situación. Me dije a mi misma justo en ese momento "está bien, que sean novios, a mi no me importa" y seguí adelante. No me puse a llorar ni nada por el estilo, pero esas eran otras épocas, en ese entonces los niños me perseguían, y a lo mejor pensé que sería así por siempre. 

Cuando llegué al bachilletaro (secundaria) me cambiaron de colegio, yo seguía siendo tímida, no era capaz de empezar una conversación con alguien que no conociera. Y la verdad me sentía intimidada con tanta gente nueva, además que era un colegio muy grande en comparación con mi pequeña y acogedora escuela primaria. 
Había 5 salones de sexto, y se nombraban con letras en orden alfabetico, el salón 6A tenía a los alumnos más obedientes y estudiosos, y el 6E... a todos los opuestos. Yo estaba en el 6D, así que se imaginarán mi angustia al estar rodeada de tantos chicos inquietos y respondones, cuando yo era una santa paloma que no era capaz de pasar por alto una sola regla. Y no, no estaba en ese salón por mi reputación o mis notas, lo estaba porque entré tarde al ciclo escolar, hubo que esperar para poder matricularme, ya saben, eso de encontrar un cupo en un colegio público es todo un lío. 
Entonces a mi me gustaba un niño del salón 6E. Vamos a nombrarlo "David". David era de piel clara, ojos café claro, y cabello castaño, no era tan alto como mis compañeros, pero me parecía adorable. Nunca le hablé, dudo que él supiera de mi existencia, a pesar de que nuestras aulas estuvieran una al lado de otra. Me gustaba observarlo, no sabía nada sobre él salvo su nombre, y la verdad no sentía demasiada curiosidad. Cuando llegué a séptimo ya no me gustaba tanto, y eventualmente lo fui olvidando, ya no me parecía tan lindo. 

Claramente mis primeros amores estaban basados en la superficialidad, sólo en cómo lucían los chicos, aunque debo anotar que Fernando era un niño listo, pero no me sentía especialmente atraída por eso.

En noveno me di cuenta que me gustaba un chico que le gustaba a todas, ya él estaba en once, y fue con quién tuve mi primer beso.
La primera vez que lo vi, yo estaba en una clase de guitarra, lo vi a través de  la ventana mientras ensayaba, él estaba recostado en una columna con una pose muy cool, recuerdo que me saltó el corazón y una sonrisa se dibujó en mi rostro. De hecho esto ocurrió cuando estaba en séptimo. Los salones de 7° y 9° estaban uno frente a otro, así que lo veía a menudo en los recreos, pero nunca le hablé.
Vamos a llamarlo "Enrique". Él también era de tez blanca y cabello oscuro. Ahora que lo pienso, hasta ese momento todos los chicos que me habían gustado tenían las mismas características, aunque en verdad no se parecían uno con  otro. 
Al llegar a noveno él empezó a frecuentar nuestro salón, porque justo conmigo estudiaba una chica que era prima de su novia de turno, así que él iba a molestarla todos los recreos. 
Un día yo me había quedado dibujando dentro del salón en el recreo, estaba tan concentrada que no me cuenta el momento en que él se puso detrás de mí, de repente dijo algo y yo me asusté. Y esa fue nuestra primera interacción. Me pidió un dibujo de él, típico. Obviamente me pidió que le enseñara a dibujar. Y bueno yo estaba lo suficientemente emocionada para decirle que sí a todo. A partir de eso tuvimos pequeñas interacciones en los recreos, sin embargo yo sentía que estaba fuera de mi alcance y no le daba mucha importancia a lo que pasaba, yo sabía que tenía novia y prefería no meterme en líos.
Un año después empezamos a chatear por Messenger (MSN) todos los días, todo el día. Hasta que llegó el día en que me invitó al cine y aunque yo estaba un poco confundida acepté ir. Entonces nos besamos, la verdad fue un desastre para mí, no me atreví a mover mucho los labios, pero la sensación de los suyos sobre los míos me pareció increíble. Salimos una segunda vez, y en esta yo estaba decidida a desinhibirme, hasta él se sorprendió de lo bien que lo hacía, a mi me pareció gracioso. Obviamente no vimos la película.
Luego este chico se fue de vacaciones al pueblo de su familia, perdimos contacto porque la señal allí era bastante mala (otros tiempos, ahora ya tienen WiFi), me atreví a llamarlo a su celular una vez, pero eso fue todo. Cuando él volvió y se conectó en Messenger ya no era el mismo. Me sentía confundida, entonces me dijo que debíamos dejar las cosas hasta ahí, sin darme ninguna otra explicación. Yo en un principio lo tomé bien. Calmadamente, pero al pasar los días me sentía cada vez peor, me hacía falta hablar con él, quería verlo una vez más, quería recuperar lo Paque teníamos, así que empecé a escribirle hasta que él explotó y me dijo que lo dejara en paz. Eso hice. Lo eliminé de todas partes con el corazón hecho trocitos. Una semana después supe que en su Facebook había puesto a una chica de foto de perfil, era su novia.
Para sacármelo del corazón hice algo que nadie debe hacer. Empecé a salir con otro chico, pero esto fue un años después, fue díficil dejar de sentir cosas por Enrique. A pesar que aún tenía sentimientos por él, quise fijarme en otra persona: él era un chico inteligente, muy bueno con los números, fuimos al cine dos veces, nos besamos muy poco y besaba fatal. Luego yo me fui de viaje por 3 meses, y perdí comunicación con él, cuando volví él me dijo que lo dejaramos y yo no tuve ningún problema con eso, hasta me sentí aliviada, ha sido la única "ruptura" que no me ha dolido. 

Debo decirles que ninguno de estos dos chicos me llamó alguna vez su novia. Siempre era algo como oculto, como que "nadie tiene por qué saberlo, es en entre tú y yo".








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